domingo, 5 de julio de 2015

Otras miradas...

Otras miradas…

Hoy quería imaginar una escuela en la que quienes la ocupen aprendan a vivir en un contexto plural y subjetivante, que socialice desde una identidad diferencial viendo al otro como diferente, aceptándolo y apreciándolo: anudando experiencias.
Una escuela a la que vuelvo la mirada para descubrir nuevos atajos desde miradas cordiales suscitando acercamiento e implicación.
Problematizar sobre este siglo en el que se ponen en funcionamiento masivo una serie de dispositivos que hacen imposible la experiencia, que falsifican la experiencia o que permiten desembarazarnos de toda experiencia. Largo tiempo se pensó que socialización y subjetivación se engendraban naturalmente mediante la propuesta de modelos fuertes que definían “personajes sociales”  lo cual ya no es aceptable en función de una serie de elementos que cuestionan una norma escolar. El primero de ellos es la instalación de un vínculo estratégico con los alumnos, el segundo el desajuste entre las expectativas de alumnos y de profesores relacionado con la masificación y autonomización de la vida juvenil y el tercero es la incertidumbre del modelo cultural de la escuela que llama a figuras del individuo ampliamente contradictorias.
La experiencia de los escolares aparece como fuertemente estructurada por la preocupación, institucional e individual, de integración.
Por lo tanto,  la propuesta sería  pensar lo que puede ser la experiencia o lo que puede significar, reivindicar la experiencia o los lenguajes de la experiencia en el campo pedagógico después de esta imposibilidad. Hace falta promover nuevas miradas hacia lo contemporáneo atentas al devenir que favorezca la construcción de una nueva posición educadora acorde con condiciones históricas siempre cambiantes (impacto de nuevas tecnologías, de la forma de construcción de conocimiento, de los procesos de identificación infantiles).
Entonces, si la escuela común, el currículum único, el aula estándar con todos los dispositivos que en ella encontramos han sido herramientas por medio de las cuales las políticas educativas han procurado instituir lo común, el debate se abre sobre lo común. Un currículum en el cual lo común ya no significa lo mismo, sino apertura a la diversidad de las experiencias humanas que no se resuelven con una mera sensibilización hacia las diferencias, sino con el debate y la promoción de un proyecto formativo que prepare a los alumnos para vivir en sociedades culturalmente pluralistas. El proceso de cambio no debe perder el sentido del fin común y el compromiso con él.
La propuesta: problematizar lo ya sabido; este movimiento exige además de una posición crítica acerca de la realidad escolar o de nuestros saberes sobre esa realidad, poner en cuestión nuestra propia percepción de la escuela, nuestra mirada y los propios saberes. Esto implica promover otra mirada, hacer otras preguntas, establecer  otras relaciones, es decir hacer un acto de interrupción que deje marcas.