lunes, 22 de junio de 2015

Crónica de una experiencia pedagógica liberadora



Somos viajeros y caminantes, transeúntes asiduos del tiempo latinoamericano. En este peregrinar el viaje reflexivamente nos interpela, nos habla, nos enseña y con sus subjetivas expresiones dialogamos, sentimos, pensamos, existimos, es que estamos siendo, estamos simplemente haciendo. En esa primera estación del viaje lo entendí todo, fue en ese momento de la expedición pedagógica donde hice carne todo el aprendizaje.
Esa tarde comenzaban los festejos de mi pueblo por su 113º aniversario y el Instituto de Formación Docente de Río Colorado pidió participar: los estudiantes del profesorado en Educación Primaria tendríamos nuestro lugar en la plaza para compartir con toda la comunidad la muestra de  “Espacios Sociales Y Educativos de la Comarca”. La exposición reflejaba los estudios etnográficos que posibilitaron no solo el conocer sino también el interactuar con distintos espacios sociales de la comunidad para desnaturalizar estereotipos y prejuicios fundados en miradas parciales de la realidad, miradas sesgadas por el sentido común, miradas que invisivilizan. 
A las 17 hs llegue acalorado pero con unas ganas de hacer que se expresaba en mí ser, note que algunas compañeras estaban acarreando sus cosas: afiches, equipos de mate y su entrañable alegría. Rostros cómplices que me decían en gestos de libertaria humanidad: “acá estamos, esto construimos”. Nos pusimos a traer mesas porque sentíamos que la plaza nos comía, que el comercio nos vencía. Con muchas manos ganamos nuestro espacio arremetiendo a la selva mercantil que amenazaba por los costados. Más compañeras llegaban y la muestra de a poco se construía, se  sujetaba, se imbuía en la plaza como una psicodelia pictórica cargada de colores y formas, variedad de espacios sociales y educativos, diversidad de historias de vida,  invisibilidades ahora por fin visibles.
 Repartí folletos a cuanta persona veía, mis profundas ansias eran de que nadie dejara de conocer todos los espacios, deseaba que la maratón consumista se detuviera por un instante a releer a su comunidad, a ver lo develado y dejar lo instituido. Ahí estaban: La murga “Piratas de la villa” había plantado su  bandera temprano, fueron los primeros en llegar y los últimos en irse, primeros en llegar por sus ganas de estar, de ser, de existir. Es que ese plantar de bandera era un “grito” ensordecedor de presencia, de existencia. ¿Es que algunos son extraños en un mundo de conocidos? Es que lo que no se muestra o no se nombra no existe. Hacer visible lo invisible es el primer paso para transformar la realidad. Esa bandera plantada fue el símbolo del vínculo fraterno entre los estudiantes y los espacios sociales callados e invisivilizados, es la autoidentificación colectiva que nos compromete a seguir caminando como futuros docentes.
Este viaje genera espacios de reflexión, de debate, de crítica para que las representaciones sociales comiencen a ser develadas para producir una toma de conciencia y transformar la realidad compleja. Necesitamos resignificar el discurso de la utopía inalcanzable hacia esfuerzos colectivos de concientización, acción y cambio que pueden ser efectivamente posibles. Es un camino por recorrer, estamos caminando, estamos haciendo, estamos siendo….



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