Somos viajeros y caminantes, transeúntes asiduos del tiempo latinoamericano. En este peregrinar el viaje reflexivamente nos interpela, nos habla, nos enseña y con sus subjetivas expresiones dialogamos, sentimos, pensamos, existimos, es que estamos siendo, estamos simplemente haciendo. En esa primera estación del viaje lo entendí todo, fue en ese momento de la expedición pedagógica donde hice carne todo el aprendizaje.
Esa tarde
comenzaban los festejos de mi pueblo por su 113º aniversario y el Instituto de Formación Docente de
Río Colorado pidió participar: los estudiantes del profesorado en
Educación Primaria tendríamos nuestro lugar en la plaza para compartir con toda
la comunidad la muestra de “Espacios Sociales Y Educativos de la
Comarca”. La exposición reflejaba los estudios etnográficos que posibilitaron
no solo el conocer sino también el interactuar con distintos espacios sociales
de la comunidad para desnaturalizar
estereotipos y prejuicios fundados en miradas parciales de la realidad,
miradas sesgadas por el sentido común, miradas que invisivilizan.
A las 17 hs
llegue acalorado pero con unas ganas de hacer que se expresaba en mí ser, note
que algunas compañeras estaban acarreando sus cosas: afiches, equipos de mate y
su entrañable alegría. Rostros cómplices que me decían en gestos de libertaria
humanidad: “acá estamos, esto construimos”. Nos pusimos a traer mesas porque
sentíamos que la plaza nos comía, que el comercio nos vencía. Con muchas manos
ganamos nuestro espacio arremetiendo a la selva mercantil que amenazaba por los
costados. Más compañeras llegaban y la muestra de a poco se construía, se
sujetaba, se imbuía en la plaza como una psicodelia pictórica cargada de
colores y formas, variedad de espacios sociales y educativos, diversidad de
historias de vida, invisibilidades
ahora por fin visibles.
Repartí folletos a cuanta persona veía, mis
profundas ansias eran de que nadie dejara de conocer todos los espacios,
deseaba que la maratón consumista se detuviera por un instante a releer a su
comunidad, a ver lo develado y dejar lo instituido. Ahí estaban: La murga
“Piratas de la villa” había plantado su bandera temprano, fueron los
primeros en llegar y los últimos en irse, primeros en llegar por sus ganas de
estar, de ser, de existir. Es que ese plantar de bandera era un “grito”
ensordecedor de presencia, de existencia. ¿Es que algunos son extraños en un mundo de
conocidos? Es que lo que no se muestra o no se nombra no existe. Hacer
visible lo invisible es el primer paso para transformar la realidad. Esa
bandera plantada fue el símbolo del vínculo fraterno entre los estudiantes y
los espacios sociales callados e invisivilizados, es la autoidentificación
colectiva que nos compromete a seguir caminando como futuros docentes.
Este viaje genera espacios de reflexión, de
debate, de crítica para que las representaciones sociales comiencen a ser develadas
para producir una toma de conciencia y transformar la realidad compleja. Necesitamos
resignificar el discurso de la utopía inalcanzable hacia esfuerzos colectivos
de concientización, acción y cambio que pueden ser efectivamente posibles. Es
un camino por recorrer, estamos caminando, estamos haciendo, estamos siendo….

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